El Topo no es periodista. Le gusta creer que es historiador. Sin embargo, no siempre se puede esperar a que los acontecimientos se hagan historia. De hecho, cuando los periodistas no hacen su trabajo (o lo hacen demasiado bien porque son más fieles a quien les paga que a su oficio), a uno le apetece sustituirles. El caso de Aminatu Haidar no puede esperar. Es una persona a la que han expulsado de su casa y de su tierra y que corre un grave riesgo si no abandona la huelga de hambre que mantiene. El culpable de su situación es un tirano, Mohamed VI, al que normalmente no se ataca en los medios de comunicación porque están muy ocupados con los Castro, Hugo Chávez y Evo Morales. Pero el papel protagonista de Marruecos no debe hacernos olvidar el indispensable rol de palanganero que está desempeñando el gobierno español en este asunto. De hecho, para nosotros es el punto clave de todo este vergonzoso asunto, porque es a nuestros gobernantes a quien podemos pedir explicaciones y exigir que asuman responsabilidades. Por eso al Topo hoy le apetece contar lo que sabe de buena tinta sobre este asunto y que los medios de comunicación parecen ignorar. O son muy torpes (porque el Topo no tiene nada de superagente secreto y sin embargo lo sabe) o son muy despreciables.
Cuando el dictador de Rabat decidió meter a Haidar sin pasaporte en un avión español con rumbo a Lanzarote, el piloto se negó a despegar con una persona indocumentada a bordo, como la lógica más elemental dicta. Sin embargo, terminó haciéndolo porque recibió una llamada del ministerio de Exteriores pidiéndole continuar ruta normalmente. Moratinos había sido informado previamente por su homólogo marroquí sobre lo que pensaban hacer con Haidar. Le dijo que sería cuestión de unos pocos días, para castigar a la activista por su insistencia en declarar proceder del Sáhara Occidental en lugar de Marruecos. Le dijo también que Lanzarote era un destino ideal porque tendría poca repercusión mediática. El señor Moratinos aceptó porque temía crear un conflicto con el vecino sureño, porque forma parte de un gobierno cobarde y porque pensó que el caso pasaría desapercibido y se solucionaría rápidamente. Pero Mohamed VI no sólo es un sátrapa, sino que además no tiene palabra. Esto deberían saberlo nuestros políticos ya. No tenía la menor intención de permitir el regreso de Haidar a corto plazo. Desde entonces, todo son evasivas y el gobierno español está, una vez más, haciendo el ridículo más espantoso. A los mamíferos de bien no nos importa en exceso el ridículo de una gente a la que ya antes no otorgábamos ningún crédito. Pero la injusticia, la mezquindad y la cobardía no nos resultan indiferentes. Sobre todo, nos preocupa que comprometan la vida de una persona que está acostumbrada a luchar y a sufrir por exigir sus derechos, pero que corre un grave riesgo de muerte si las cosas no cambian. El gobierno español es culpable de esto, como lo es de seguir ignorando el caso del Sáhara Occidental, que sus antecesores barrieron bajo la alfombra en 1975. Allí sigue desde entonces. Nadie en todo este tiempo ha querido hacer limpieza, tampoco en lo relativo a este asunto. Se nos acumula la mierda por doquier y los armarios rebosan cadáveres. Por eso este país apesta.
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